Siguen mojando las lágrimas que caen en los charcos,
como vuelve a ofender una mentira
que enfrentas con ojos usados.
Los mismos ojos llorando idénticos agravios,
también usados y repetidos.
Como las mentiras,
viejas, torpes y enmarañadas.
Como los charcos,
húmedos y tibios.
Todos igual de turbios.
Idénticos labios,
diseñados para el beso equivocado,
pueden confundirte en el propósito
de querer esquivar las penas y los agravios,
las mentiras y los charcos.
Y evitar al fantasma,
ya tan frecuente,
de querer retener aquello que no se sostiene.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Sergio Méndez y Mariola Cabanillas

