explorando la pérdida
Incineradora
Te di muerte un martes,
transportando tu memoria de día en día
en un velatorio sin cortejo.
Solos yo y mi duelo de domingo
hasta el lunes santo del incendio
que remata nuestro amor
en la incineradora de besos.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez
Arquitectura efímera
Como un pensamiento fugaz en tu cabeza,
el esbozo de un estremecimiento
o un intento de arquitectura efímera.
Así quise mostrarme ante ti,
y así me fui,
discretamente,
hacia las nubes altas y ligeras.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas
Sigue mojando
Siguen mojando las lágrimas que caen en los charcos,
como vuelve a ofender una mentira
que enfrentas con ojos usados.
Los mismos ojos llorando idénticos agravios,
también usados y repetidos.
Como las mentiras,
viejas, torpes y enmarañadas.
Como los charcos,
húmedos y tibios.
Todos igual de turbios.
Idénticos labios,
diseñados para el beso equivocado,
pueden confundirte en el propósito
de querer esquivar las penas y los agravios,
las mentiras y los charcos.
Y evitar al fantasma,
ya tan frecuente,
de querer retener aquello que no se sostiene.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Sergio Méndez y Mariola Cabanillas
El chamizo
El chamizo voló y se llevó tu cuerpo,
o te fuiste tú tras él y yo contigo.
Quise agarrarme al suelo,
pero giraba rápido y ya estaba muerta.
Quise pedir al chamizo detenerse,
como quise ponerte anclas en lugar de ruedas,
y escapaste al abrigo de la planta seca.
Seco tu aliento y seca mi tristeza.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez
El cerco
Víctima del asedio de tu marcha,
los recuerdos escasean y se difuminan.
El hambre de tu carne me conquista
y mis naciones se dividen en tu nombre.
Quiero una destrucción de pólvora que te regrese de la nada,
deshacerme del cerco de tu ausencia,
pero me rindo a la fatalidad de tu partida.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez
Tiempo
El tiempo nos respetó al final
y cesó la lluvia,
pero tú irrumpiste en mi alma discreta
y mojaste sus anhelos
con la mirada descubierta.
Llovió allí dentro.
En mal momento el tiempo se volvió benevolente
y quiso detenerse en un turbio devenir de horas espesas
y de caras funestas y desasosegadas.
Se paró todo allí dentro.
El tiempo se puso finalmente de mi parte
para traerme la brisa susurrante de un poema
que me cuenta que llueve
allá donde el espíritu se detiene.
Y, aunque mojada y diletante,
me aferro a ese susurro
y a ese aire.
Sigue lloviendo,
sigue parado el segundero,
siguen mis versos sin tu consentimiento.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez y Mariola Cabanillas
Amor vegano
Puede que no comas carne,
pero sacrificas la mía y su errática existencia
sin repartir las consecuencias.
Carente de formulación previa,
reconstruyes mi cuerpo a partir de otros nombres
y me alejas de una posibilidad abortada precozmente,
una esperanza nacida muerta,
sin brazos,
pero que se sujeta fuerte a una reclamación
como última estrategia.
Y sin meditación alguna,
puede incluso que sin premeditación,
te postulas como enemigo en la distancia.
Una sombra no tan cercana,
pero que ya oscurece mis ganancias.
Superviviente hasta que tu recuerdo se difumine en la noche,
la misma noche que retiene otras sombras,
ya tantas,
que hasta la luna se acerca para recordarme
que un corazón igual al tuyo,
no hace tanto tiempo,
se aceleraba antes de devorarme.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas
Del final
Porque estás limpia
y porque eres transparente,
me dijiste.
Luego te fuiste.
Entonces quise estar sucia
y ocultarme tras un velo de penumbra.
Dejas un hueco aquí dentro
que no es hueco,
es pesadumbre,
liberada ya de la melancolía
que produce perseguirte sin alguna certidumbre.
Y aún te busco en presencia
y te encuentro en la renuncia,
en todas las abdicaciones
que mi esperanza no alumbra.
Queda un hueco en mi pecho
que no es hueco,
es pesadumbre.
Un cuchillito que corta,
pero no mata.
Una trituradora sin filo,
el cañón que apunta torpemente su objetivo.
Ahora que ya no estás,
que me consta que te fuiste,
aturdido y disonante,
yo me quedo habitando este silencio,
arrastrando mi música de letras
hacia ninguna otra parte.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Álex y Guadalupe Cabanillas
Interés variable
No me debes nada.
Puedes deducirte tú la soledad de mañana
e ingresar todos los besos en tu cuenta.
Yo especularé con la divisa de nuestros recuerdos
y la dependencia de tu tipo de interés variable.
Un depósito a plazo fijo en mi memoria,
no cancelable y sin fecha de vencimiento.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez y Mariola Cabanillas










