explorando el deseo
Distancias
Multiplicas distancias,
kilómetros de pantalla que te guardan
de una proximidad carnal.
Lejos de piernas que caminan y se alejan,
de brazos que encierran voluntades
y bocas que tiemblan con la entrega.
Afortunado,
sumas los fracasos que no has vivido,
acaso sí temido,
haciendo de tu existencia intermitente e imprecisa
una defensa implacable
frente a mi obstinada presencia.
Elevas tu espacio exponencial
restando cercanía a presuntos encuentros
y dividiendo nuestras voces
en limitadas dosis urgentes
para indemnizar la falta de besos.
Tú multiplicas distancias,
yo calculo el resultado
e ingreso el saldo disponible
en el banco de imágenes de nuestros cuerpos.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas
Defensa personal
Motivaciones ficticias.
Aprender cocina oriental,
montar un avión en piezas por fascículos
o practicar defensa personal.
Emprendo cualquier actividad
que finalmente no te aleje de mi memoria,
pero que me permita follarte
mientras hago cualquier otra cosa.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez
Fusión
Un atentado al interés particular,
el mío.
El de tenerte y retenerte,
a pesar de tu amenaza nuclear.
Una fusión imposible,
la descomposición del sentimiento que te alberga
y la explosión de todo aquello que nos une
en un estado plasmático irracional.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez
Profecía

Me huelo el miedo.
Una vida hecha de profecías autocumplidas
y descabelladas expectativas instrumentando mi cabeza.
Siempre con esa sensación
de que las cosas ocurren sólo porque las pienso.
Los despropósitos del año nuevo
me devuelven el acostumbrado desorden
que consiento con perplejidad y devoción.
Igual es que no sé vivir de otra manera,
más que con esa sensación
de que las cosas ocurren porque las siento.
En mi anarquía,
he dormido en el desierto recordándote
y no me ha importado la sed,
y no me ha importado el frío,
porque tengo esa sensación
de que las cosas ocurrirán
sólo porque las imagino.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas
Lo que me hace valiente

Lo que me hace osada
es saber que no te tengo.
Sin miedo para alistarme en una guerra sin expectativas,
poder arrancarte una concesión ocasional
que me transforme,
al menos por un instante,
en tu norte preferente
y que me otorgue,
acaso para siempre,
el poder de ser valiente.
Contemplarme tan arriesgada
como un urinario en un museo,
una pintada en la pared que es una obra de arte,
o un poema de amor acotado en un mensaje.
Lo que me hace osada
es concluir que no te pierdo.
Pronosticar que,
al fin y al cabo,
junto a tu cuerpo,
también puede hacer frío y calor al mismo tiempo.
Sin miedo para empezar a correr
sabiendo que no me esperas
y descubrir en la carrera
el mapa del deseo dibujado en mis caderas.
Lo que me hace osada
es saberte tan lejos.
Y, aunque parezca insensato no temerte,
no lo es tanto
como negarme a tenerte.
Cada vez más valiente,
tan osada,
que no cabe arrepentimiento,
segura de que sin ti
la vida sí que sería
una aventura de riesgo.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Ana Villafaina
Habitación 209

El ruido está en mi cabeza.
Ahora que duermo por las noches
se hace más fuerte.
El ruido no me deja ver
porque suena a lo de siempre,
como una oración repetida sin firmeza
que me habla de caminos ordinarios
y de vidas habitadas en espacios comunes,
pero no me consiente fortaleza.
En la habitación 209 el ruido enmudece.
Sin ruido me atrevo y busco
y descubro esa nueva verdad impermanente
en la que no me permito ocupar un ser corriente.
En el silencio recupero la vista,
huelo la carne que es tu cuerpo
y respiro con aliento de tu boca
que alimenta a mi inexperta equilibrista.
Sin ruido pienso en poderes,
en campos sin surcos
y destinos alternativos que me eleven.
El ruido se hace pequeño en la 209,
recluido en la mezquindad de su prisión.
Ahora, sin sueño, me atrevo y busco,
ahora salgo y cuelgo el cartel,
por favor,
no arreglen este otro corazón.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas
Sin permiso

Así,
sin permiso,
tu emoción se instala en mi cabeza
y juega a despeinarme la melena
enredando el pensamiento racional
en un estado de fluctuantes quimeras.
Sin permiso se aloja en mi pecho
oprimiendo diástoles
y dilatando sístoles,
contracorriente,
expresándose en cada pulso
que se afana por latir
sobreponiéndose a tu influjo.
Tu emoción atropellada
que me libera del esfuerzo de vivir sin convicción
para someterme,
aún sin consentimiento,
al desalmado régimen de la impaciencia
y de la debilidad
en un estado de permanente inanición.
Sin autorización,
anulas toda capacidad de decisión
y no pides permiso para invadirme con destreza,
ahora que ya no puedo desplazarte
a pesar de la falta de certezas.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Guillermo Latorre
Ascensor


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