
El ruido está en mi cabeza.
Ahora que duermo por las noches
se hace más fuerte.
El ruido no me deja ver
porque suena a lo de siempre,
como una oración repetida sin firmeza
que me habla de caminos ordinarios
y de vidas habitadas en espacios comunes,
pero no me consiente fortaleza.
En la habitación 209 el ruido enmudece.
Sin ruido me atrevo y busco
y descubro esa nueva verdad impermanente
en la que no me permito ocupar un ser corriente.
En el silencio recupero la vista,
huelo la carne que es tu cuerpo
y respiro con aliento de tu boca
que alimenta a mi inexperta equilibrista.
Sin ruido pienso en poderes,
en campos sin surcos
y destinos alternativos que me eleven.
El ruido se hace pequeño en la 209,
recluido en la mezquindad de su prisión.
Ahora, sin sueño, me atrevo y busco,
ahora salgo y cuelgo el cartel,
por favor,
no arreglen este otro corazón.
Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas





