Tu voz

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A un sólo flash de conocerme,

quiero ponerle nombre a tu aparato. 

Mendigo instantes de altavoz satelital.

Un circuito de marcación automática que conduzca a tu garganta,

transformando vibraciones acústicas en sílabas.

Palabras y frases que amplifiquen mis oídos.

Extensiones de bocas y lenguas múltiplos del silencio

que hagan presente la ausencia de tu verbo.


Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez y Mariola Cabanillas

Del final

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Porque estás limpia

y porque eres transparente,

me dijiste.

Luego te fuiste. 

Entonces quise estar sucia

y ocultarme tras un velo de penumbra.

Dejas un hueco aquí dentro

que no es hueco,

es pesadumbre,

liberada ya de la melancolía

que produce perseguirte sin alguna certidumbre. 

Y aún te busco en presencia

y te encuentro en la renuncia, 

en todas las abdicaciones 

que mi esperanza no alumbra. 

Queda un hueco en mi pecho

que no es hueco,

es pesadumbre.

Un cuchillito que corta,

pero no mata. 

Una trituradora sin filo,

el cañón que apunta torpemente su objetivo. 

Ahora que ya no estás, 

que me consta que te fuiste,

aturdido y disonante,

yo me quedo habitando este silencio,

arrastrando mi música de letras

hacia ninguna otra parte.


Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Álex y Guadalupe Cabanillas

Teatro

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Abandonada en el patio de butacas,

observo el telón de fondo de nuestra historia.

Un escenario tan insólito como un destello en el cielo de Rusia,

y un foso sordo y ciego enmudecido de lujuria. 

Sólo me queda un número y una fila en lugar de tu nombre

y el despiadado orden de los sueños no realizados.


Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Álex y Guadalupe Cabanillas

Interés variable

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No me debes nada.

Puedes deducirte tú la soledad de mañana

e ingresar todos los besos en tu cuenta. 

Yo especularé con la divisa de nuestros recuerdos

y la dependencia de tu tipo de interés variable. 

Un depósito a plazo fijo en mi memoria,

no cancelable y sin fecha de vencimiento.


Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez y Mariola Cabanillas

Cisne Negro

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Me veo pasar,

mi reflejo en las ventanas oxidadas. 

También estará allí el cisne negro,

cuando llegue.

Báilame animal.

Danzad,

danzad los ritos. 

Siempre bailando

y siempre en el mismo sitio.

Las sombras al pasar 

son los miedos de mi ser penitente,

extraño ante sí mismo,

hambriento de propagarse

y trascender al olimpo. 

Me veo pasar,

mi reflejo en las ventanas oxidadas.

La misma intrusa,

pero con alas en la espalda. 

Danzad,

danzad los ritos.

Una inmensa nostalgia en la monotonía,

abismo de soledad 

camino a la perfección. 

Danzad,

danzad los ritos. 

Siempre bailando,

siempre en el mismo sitio.

Sólo hay un salto

y es al final del camino.


Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Mariola Cabanillas y Andrea Núñez

Lo que somos

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Tan vulgar

como la falta de concreción

que alimenta el deseo

y tan especiales como su contrario,

calculando la seducción

que envuelve cada secreto.

Será que no eres,

no somos,

ni una cosa

ni su opuesto.

Sospechosos resguardados en el anonimato

y previsibles como un estribillo.

Siempre vulgares,

casi como reírse por cualquier cosa,

como amar mucho y en multipropiedad,

tan compartidos como limitados.

Vulgares como morirse de amor

y tan especiales

como quitarse la vida por perderlo.

Será que no somos una cosa,

pero tampoco su opuesto.

Defendemos la honestidad,

pero no estamos limpios,

sólo protegidos por nuestra voluntad

habitando en una isla

que se aleja de su continente proximal.

Aún especiales por no sabernos

y tan parecidos al resto que ignoramos,

nos volvemos vulgares en el conocimiento.

Será que no eres,

ni soy,

tan especial como buscarte

ni tan vulgar

como poder encontrarte.


Poema: Mariola Cabanillas / Imagen: Andrea Núñez y Mariola Cabanillas